Patricia C.
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Ver los 600+ juguetes del catálogo →Este encaje de figuras geométricas reúne 12 formas distintas en un solo tablero de madera. A partir de 18 meses, su hijo coge cada pieza, la gira hasta que entra en su hueco y, poco a poco, aprende a reconocer y nombrar las formas y sus colores.
Ref. : REFVP009
El niño saca todas las piezas del tablero, las esparce sobre la mesa y empieza a devolverlas a su sitio. Coge una forma, la acerca a un hueco, prueba, la gira un cuarto de vuelta y vuelve a probar. Cuando por fin cae dentro, levanta la vista buscando a alguien que lo haya visto.
Este encaje de figuras geométricas reúne doce formas diferentes en un solo tablero de madera. No hace falta explicar nada: el hueco vacío ya dice lo que falta, y la forma que no entra pide que se busque otra posición o se pruebe en otro sitio.
Girar una pieza hasta que coincide con su hueco es un ejercicio de coordinación entre lo que el niño ve y lo que hacen sus manos. Sujetar la forma con la punta de los dedos y soltarla en el sitio justo desarrolla la motricidad fina, la misma que necesitará después para abrocharse un botón o sostener la cuchara.
El tablero también entrena la observación. Para colocar doce formas hay que fijarse en los lados, las esquinas y las curvas, comparar y descartar. Así se acerca un niño pequeño a las figuras geométricas: tocándolas antes de conocer su nombre. Y como unas formas cuestan más que otras, aprende a no rendirse al primer intento.
Es un buen ejemplo de material Montessori: un objeto concreto que el niño manipula y que lleva su propio control del error, porque cada forma solo encaja en su hueco. El adulto no necesita corregir; basta con dejar tiempo.
Al principio, no saque las doce piezas a la vez. Retire dos o tres formas muy diferentes entre sí, por ejemplo una redonda y otra con esquinas, y deje que el niño las devuelva. Cuando lo consiga sin dudar, añada otras. Así el tablero no se convierte en un montón de piezas que desanima. Siéntese a su lado y no enfrente: el niño ve entonces el tablero en la misma orientación que usted cuando le muestra un gesto.
Un error habitual es colocar la pieza en lugar del niño cuando se atasca. Es mejor señalar el hueco correcto o girar ligeramente el tablero, y dejarle a él el último gesto. Como variante, cuando ya domina el encaje, pídale que le dé una pieza por su color o «la que es redonda»: el juego se convierte en una forma sencilla de aprender los colores y las formas a la vez.
Hacia los dos años, el tablero sirve también para el vocabulario. Una manera muy eficaz de enseñar los nombres es la lección en tres tiempos, que se propone en el método Montessori:
Trabaje con dos o tres nombres cada vez. Si el niño se equivoca, vuelva al primer paso sin decir «no»: el objetivo es aprender las formas con calma, no superar un examen. Los colores pueden esperar a que los nombres de las formas estén asentados, o trabajarse en otro momento con las mismas piezas.
A partir de 18 meses, el reto es encajar: encontrar el hueco y girar la pieza. Alrededor de los dos años, muchos niños ya completan el tablero y empiezan a interesarse por los nombres. Entre los dos y los tres años llega el momento de clasificar: juntar las formas con lados rectos, separar las redondas, ordenarlas por color. Por eso funciona bien como puzzle para niños de 2 años y sigue teniendo uso después.
Se puede jugar solo o acompañado: con un adulto que nombra las formas o con otro niño que espera su turno. Para limpiarlo, pase un paño ligeramente húmedo y séquelo enseguida; evite sumergirlo en agua para que la madera no se hinche. Guardar las piezas en el propio tablero al terminar ayuda a no perder ninguna.
Cuando el tablero ya no tiene secretos, saque todas las piezas, colóquelas boca abajo sobre la mesa y pídale que encuentre una forma concreta mirando solo la silueta del hueco vacío. Es un pequeño juego de memoria visual que alarga la vida del puzzle y prepara la clasificación que viene después.
Si su hijo está empezando, un tablero con todas las formas a la vista es más fácil de entender que varias bases sueltas. Para un niño de 3 años que ya conoce las formas básicas, el juego de diez encajes individuales con pomo propone un trabajo más detallado, una forma cada vez. En nuestra sección de encajables de madera encontrará otros modelos, y en la de aprendizaje de las formas, juegos para seguir avanzando.
Entre los puzzles para niños, este es un juguete de encaje sencillo, sin pilas ni sonidos: solo madera, formas y colores. Tiene su sitio entre los juguetes educativos de 18 meses y es una opción tranquila como regalo para un niño de 2 años; en la selección de juguetes para niños de 2 años hay más ideas para esa edad.
Este tablero está pensado a partir de 18 meses. A esa edad el niño encaja las piezas por tanteo; los nombres de las formas llegan más tarde, hacia los dos o tres años.
Aprende a reconocer doce formas distintas, a comparar contornos y a girar una pieza hasta que encaja. También ejercita la coordinación entre ojos y manos, la concentración y, con ayuda del adulto, el vocabulario de las formas y los colores.
Nombre pocas formas cada vez y siga los tres pasos: decir el nombre, pedirle que señale la forma y, por último, preguntarle cómo se llama. Repita en días distintos en lugar de alargar la sesión.
Es el control de los movimientos pequeños de los dedos y la mano. Coger una pieza, girarla con precisión y soltarla en su hueco la pone en práctica en cada intento.
30 x 22,5 x 1,5 cm
0.28 kg
18m+
Madera Natural Duradera
Certificado CE y EN 71, pinturas y ceras al agua no tóxicas
Nuevo (Embalaje original)
Limpiar con un paño suave ligeramente humedecido con agua tibia. Nunca sumergir en agua ni usar detergentes agresivos.
Para conservar el brillo de la madera natural con los años, aplicar una gota de aceite vegetal o cera de abeja 1 vez al año.
Comentarios auténticos de familias que han pedido este material de madera.
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Parfait
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