Marina L.
Très jolie et très intéressant pour développer le sens du toucher et à la fois la mémorisation .
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Ver los 600+ juguetes del catálogo →Esta caja de los sentidos invita a su hijo a descubrir objetos con el tacto, la vista, el olfato y el oído. Mete las manos por las mangas de tela, observa a través de tres lentes y adivina qué esconde la caja de madera, solo o en grupo con otros niños.
Ref. : REFL12466
Su hijo desliza las manos por las dos aberturas laterales. Las mangas de tela elástica se ajustan a sus brazos y esconden el interior: ya no ve nada, solo nota. Algo redondo, frío, con una parte rugosa: ¿qué será? Esta caja de los sentidos convierte un objeto cotidiano en un pequeño misterio que se resuelve con los dedos.
Luego llega la vista. La parte superior inclinada permite mirar y tocar a la vez, y tres lentes extraíbles, una lupa, una lente facetada y una lente roja, cambian la forma de ver lo que hay dentro. Unas trampillas giratorias regulan la luz que entra, para crear un interior más claro o más misterioso según el juego.
Al explorar con las manos, el niño distingue texturas, formas, tamaños y temperaturas sin ayuda de la vista: es el corazón del juego de Kim táctil y un ejercicio muy completo de discriminación táctil. Con las lentes compara lo que ve aumentado, multiplicado o teñido de rojo, y descubre que un mismo objeto puede verse de muchas maneras.
La caja también sirve para el olfato y el oído, según los objetos que usted elija: algo que suena al moverlo, una bolsita que huele a canela o a limón. El niño pone palabras a lo que percibe, una forma natural de enriquecer su vocabulario: liso, áspero, blando, perfumado, sordo, metálico.
Trabajar un sentido cada vez es una idea central del material Montessori: aislar un sentido ayuda a afinarlo. Aquí, al ocultar la vista, el tacto toma todo el protagonismo, como en el material sensorial Montessori clásico.
Empiece con unos pocos objetos muy distintos entre sí: una piña, una cuchara de madera, una pelota de tela. Llene la caja por detrás, a través de su puerta magnética, sin que el niño lo vea, y pídale que encuentre uno y lo describa antes de sacarlo.
Para el olfato, prepare bolsitas de tela bien cerradas con canela, lavanda o piel de naranja; para el oído, botes cerrados con arroz, legumbres o cascabeles. El niño los reconoce sin verlos y aprende a fiarse de un sentido distinto de la vista.
Un error frecuente es poner demasiados objetos, o muy parecidos, desde el primer día: el niño se frustra y abandona. Aumente la dificultad poco a poco, con objetos de la misma familia (tres frutas, tres llaves) o pidiéndole que encuentre «el más pequeño» o «el más suave».
Como juego en grupo, hasta nueve niños pueden participar por turnos: uno toca y describe, los demás hacen preguntas y adivinan. Este juego de adivinanzas funciona muy bien en clase, en una tarde con primos o en una fiesta de cumpleaños.
A partir de 3 años, el niño se centra en reconocer objetos familiares. La caja de los sentidos reúne en un solo objeto tocar, mirar, oler y escuchar: una estimulación sensorial variada que se renueva con solo cambiar lo que hay dentro.
Poco a poco describe con más precisión, compara y clasifica. Más adelante, la caja se presta a pequeños retos de ciencias: observar hojas, piedras o semillas con la lupa, adivinar materiales, recordar el orden en que han aparecido los objetos.
Este trabajo afina el sentido del tacto de forma progresiva: lo que al principio solo era «blando» o «duro» se vuelve «esponjoso», «granulado» o «acolchado».
Las mangas son lavables. Para la caja de madera, basta con un paño ligeramente húmedo y un secado inmediato. Cambie los objetos con frecuencia para mantener la sorpresa: es el secreto para que el juego dure.
Este modelo es la versión más completa de nuestras cajas sensoriales: al juego táctil le suma lentes, trampillas para la luz, una parte superior inclinada y una puerta magnética. Si solo quiere una caja para tocar y adivinar, la caja táctil de madera con dos aberturas es más sencilla y compacta. Para el oído, los cilindros de sonido Montessori trabajan la discriminación auditiva de forma específica, y el tablero sensorial del tacto propone texturas fijas para recorrer con los dedos.
En un aula o con un grupo grande, sus medidas de 26 x 25 x 27 cm y la puerta trasera facilitan los turnos: el adulto cambia los objetos por detrás mientras el siguiente niño espera delante, sin ver nada de lo que se prepara.
Frente a una caja sensorial casera hecha con cartón, la madera, las mangas y las lentes permiten variar mucho más el juego. Si prefiere comparar juguetes para niños de 3 años centrados en los sentidos, encontrará todos los modelos en nuestra selección de juguetes sensoriales y más ideas en juegos educativos, junto a otros juguetes de madera para explorar.
Objetos cotidianos de formas y texturas variadas: frutas, piñas, cucharas, telas o piezas de madera. Evite los objetos pequeños si el niño todavía se lleva cosas a la boca.
A partir de 3 años. Los mayores la aprovechan con retos más difíciles, como reconocer materiales u observar con la lupa.
Se puede jugar solo o en grupo, con hasta nueve niños que se turnan para tocar, describir y adivinar.
Por detrás, gracias a una puerta magnética, sin que los jugadores vean lo que se introduce.
Es un juego de observación y memoria en el que se esconden objetos que hay que reconocer o recordar. En su versión táctil, el niño identifica los objetos solo con las manos, sin verlos.
26 x 25 x 27 cm
1.5 kg
3+
Madera Natural Duradera
Certificado CE y EN 71, pinturas y ceras al agua no tóxicas
Nuevo (Embalaje original)
Limpiar con un paño suave ligeramente humedecido con agua tibia. Nunca sumergir en agua ni usar detergentes agresivos.
Para conservar el brillo de la madera natural con los años, aplicar una gota de aceite vegetal o cera de abeja 1 vez al año.
Comentarios auténticos de familias que han pedido este material de madera.
Très jolie et très intéressant pour développer le sens du toucher et à la fois la mémorisation .
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